Mi celular se atrasa de forma sistemática 5 minutos cada 15 días.
Si por casualidad olvido la curiosa ley que rige mi celular de forma tan rígida, puedo estar seguro que alguien se encargará de recordármelo.
“Llegaste tarde” – me dicen
“Mendigo celular”, pienso para mí, ya ni siquiera trato de explicar el extraño comportamiento de mi compañero electrónico.
Pero así es él.
Mi primer celular lo tuve alrededor de los 19 años, era este un trozo de plastico y metal que ahora en retrospectiva me parece que debió de pesar como medio kilo, si alguien me miraba de frente podía ver claramente mi pantalón más caído, sobretodo de un lado.
“No señor, no soy un pachuco, es que traigo mi celular en la bolsa”
Mis papás consideraron oportuno comprarlo para mantenerme en control, antes de eso me dejaban salir por las noches con un “bipper” de mi papá, que más que ayudar a mi seguridad lograba el objetivo contrario, pues de recibir un mensaje preguntandome donde andaba yo no tenía forma de responder, nadie tenia un teléfono a la mano para comunicarme con ellos, así que emprendia un vertiginoso viaje de regreso que estoy seguro que la velocidad involucrada no le hubiera gustado a mi mamá de haberla conocido.
El celular cambió las cosas, ahora tenía forma de responder.
“¿Donde andas?”
- Con unos amigos
“Te dije que a las dos”
- Si pero no me fije en la hora
“Que casualidad, te me regresas ahorita mismo”
Ya no tenía caso regresar de forma apresurada, ya sabían que estaba bien y aunque eso no los haría dejar de castigarme, el regaño al llegar a la casa ya era menos severo, menos preocupado.
Como bien se dice “Y todos vivieron felices para siempre”
¿O no?
Con la llegada del celular de repente siempre había algo que consultar por telefono, algo que verificar, una respuesta que alguien necesitaba, todas las afortunadas personas que ya contaban con uno estaban de golpe localizables y fueron capaces de dar respuestas a todas esas preguntas en cualquier lugar en el que estuvieran !Que sabra Dios como haciamos para resolverlas antes del celular! Que antes no tuvieramos tantas cosas para aclarar vía telefónica fue realmente obra divina.
Me volví esclavo de mi teléfono, del servicio.
Las llamadas poco a poco fueron perdiendo importancia, se volvieron más comunes y la generalización del servicio dio pie a una serie de cambios drasticos en la forma de hablar por teléfono, lo que antes era:
-”Buenas tardes”
- !Juan! ¿Como estas?
-”¡Muy bien! ¿Y tú?! !Que bueno que te encuentro!”
- ¿¡Como has estado!?
…
..
Ahora se convertia en:
-”¡Que onda! ¿Donde estas?”
- ¡Aquí en la casa!
…
..
¿Donde estas? El 1% de las veces le interesa a las personas saber donde estas realmente, si estas en algún lugar interesante puede desenvolverse una platica entera respecto a eso antes de llegar al punto de la llamada, la paranoia se disparó 1000 veces.
Todos quieren saber donde estan todos y las noticias dejaron de ser un asunto de la televisión, radio y periodico solamente para volver a la época donde la información era transmitida de persona a persona.
- “!Que rollo! ¿Donde estas?”
- En el trabajo
- ¿Supiste lo de Michael Jackson?
…
..
Lo de Michael Jackson… qepd, como su fan recibí una cuantiosa cantidad de llamadas ese día, ya no digamos correo electrónico (¡Y ni me veas feo correo electrónico! ¡Después te toca que te coma vivo!) para avisarme de la noticia, las últimas llamadas ya no atinaba a que decir.
El celular se volvió indispensable de la noche a la mañana y accesible además, se infiltró en nuestra vida en detalles que estoy seguro que Graham Bell jamás imaginó, como la tienda de autoservicio.
- Son 120 pesos, ¿Desea comprar tiempo aire?
- No, no gracias.
Porque claro está !Solo una persona irresponsable se queda sin tiempo aire!
¿!Como que te quedaste sin tiempo aire y por eso no me avisaste!? ¿No había ni un triste oxxo cerca?
Me gusta leer y escribir, y eso es mejor hacerlo completamente solo, así que veces dejo mi celular en casa o lo intento.
“No… no… que tal si pasa algo”
Y ha pasado, cuando choqué por la gran calle de la gran ciudad nada me fue mejor que tener a mi buen celular conmigo.
“Ya llamo a su seguro?”
- Ya
¡Afortunadamente tenía mi celular conmigo y con tiempo aire, y con señal!
20 minutos después ya había conmigo un agente de seguros telefoneando a una compañia de gruas.
“No se preocupe por nada ahorita resolvemos todo” – me dijo muy seguro de si mismo con su celular en la mano.
Es en ocasionas como esas cuando me dan ganas de abrazar mi celular.
Sobre todo desde que redució su tamaño y dejó de bajarme el pantalón.
- Juan Fernando -